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Ya os hablé, brevemente, de Gonzalo Navarro y de su blog, Hougevy. La traducción de algunos de mis textos al francés ha sido una experiencia maravillosa, además de un gran favor que siempre le agradeceré. Lo ha hecho desinteresadamente, motivado tan sólo porque le gusta mi literatura.

Acabo de enterarme (qué calladito te lo tenías, Gonzalo) del nacimiento de su propia editorial, Éditions equi-librio. Lo primero de todo es desearle, desde aquí, muchísima suerte. Lo segundo justifica ese deseo, porque creo sinceramente que su proyecto merece la pena. No sólo comparto la ilusión que desprende y las ideas que lo inspiran; además, y sobre todo, me parece admirable que una persona que ama la cultura libre se embarque con su hija en una empresa tan hermosa, pero a la vez difícil. Noticias como ésta me hacen sentir, como tantas otras veces, que tengo la suerte de conocer a los grandes de mi tiempo, ésos que serán honrados y recordados por las generaciones venideras.

Sin permiso de Gonzalo, publico aquí la presentación que me ha enviado por correo-e:


¡Ya tiene existencia legal la editorialÉditions equi-librio!


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Todavía está en obras el sitio internet (http://www.equi-librio.net), pero por fin han terminado todos los trámites.

La editorial es una sociedad de tipo S.A. que cumple con todos los requisitos para firmar contratos, publicar, tener los ISBN y vender por internet.

Los accionistas somos mi hija (escritora y dramaturga) y yo.

¿Por qué le puse equi-librio a la editorial?

-equi por el reparto equitativo que propone.

Las ganancias se repartirán de forma equitativa :

El (los/las) autor (es/as) cobrarán un 30% del precio de venta al público (por lo general, las editoriales conceden un 10%, ¡y con exclusividad!).

-equi por la equivalencia de los idiomas.

La primera (espero que no la última) colección será de textos en edición bilingüe.

-equi por la opción que se dará al lector para que compre un libro de tipo clásico, papel o en PDF.

-librio por "libro", claro.

-librio ante todo por "libre", por la libertad que defiendo para los autores.

La editorial equi-librio no pedirá en sus contratos ningún tipo de exclusividad. Los autores guardan los derechos sobre sus textos (pueden publicarlos en cualquier otra revista, editorial, sin concederles, claro, exclusividad).

equi-librio intentará desarrollar una forma de "edición equitativa", como existe en otros sectores "comercio equitativo".

¿Tendrá que participar el autor en los gastos de la publicación de su(s) texto(s)? ¿Dónde está la trampa?

equi-librioes una editorialverdadera, no se trata de auto-edición como enBubokoLulu.com. Éstas son empresas de imprentabajo demanday si se les pide lo que tiene que hacer cualquier editorial (en Francia, por lo menos), o sea pedir un número de ISBN, mandar copias a la Biblioteca Nacional, registrarlos en el catálogo general de editores, etc., entonces el servicio deja de ser gratuíto.

Es evidente que alguien tiene que costear los primeros gastos. Lo hago yo. Porque estoy convencido de que hay un lectorado para los libros que voy a publicar.

Tampoco es una inversión enorme ni me arriesgo demasiado: con las nuevas imprentas "bajo demanda" se pueden ir publicando poco a poco los libros, según se van vendiendo.

No hay trampa: todas las relaciones de edición y de venta las rigen las leyes francesas. Nada se hace sin contrato claro.


Si se ha vuelto la cosa tan sencilla, ¿por qué se necesita una editorial?

Claro que lo que yo haré cualquieraque tenga tiempolo puede hacer en forma de auto-edición. Pero,

-Ser publicado por una editorial, por muy pequeña que sea, significa un reconocimiento para el autor. Su texto ha sido elegido entre los muchos que ha leído el editor, y éste tiene interés en que se venda. La auto-edición publica cualquier texto; la editorial no.

-Me parece que lo mejor que puede hacer un autor es escribir, no pasarse el tiempo comparando presupuestos de imprentas o discutiendo con el director de la agencia bancaria. Si se le ofrece una justa retribución de su trabajo, más vale que se dedique a lo suyo, que escriba, que siga con su obra.

-En el caso de las ediciones bilingües previstas, además, es imprescindible tener a mano un traductor.


¿Quién elige los textos publicados? ¿Cuáles son los criterios? ¿Bajo qué forma se publicarán?

Además de mi hija (que entiende perfectamente el castellano) y de su servidor, dos profesores de lengua y literatura más componen elcomité de lectura. A estos amigos también les pediré que opinen sobre las traducciones que yo haga (o que tengo hechas y que revisaré).

Los textos que se publiquen en la colección bilingüeBrèves Bilinguesserán cuentos, novelas cortas, micro ficciones, o sea formas breves.

Según quién conteste y qué textos me proponga, éstos se repartirán por tema, país, etc.

La forma será la publicación de cuatro o cinco libros al año, de unas 100 páginas.

Después de observar lo que se publica y se vende tanto en librerías como en la red, no me parece una buena idea publicar antologías demasiado extensas, costosas, de las cuales sólo se podría editar una o dos al año. Más vale tener al cabo de algunos meses un catálogo, pequeño claro, pero que se pueda empezar a presentar en algunas librerías.


¿Y los textos del blog hougevy.net?

El que ya estén presentes en la red con su traducción no impide que formen parte de la colecciónBrèves Bilingues: parece una paradoja, pero está comprobado no sólo que la lectura gratuita no impide que el lector compre el libropapel, sino que es todo lo contrario.

Se pueden ir mezclando, según los temas, con otros textos todavía sin traducir.


¿Cuándo empieza a funcionar "equi-librio"?

Si se quiere tener el primer libro para septiembre, hay que empezar ya, e intentar guardar el ritmo de una publicación cada trimestre, por lo menos.

Un saludo,
Gonzalo

PortadaHace ya unas semanas, Pedro M. Martínez me pidió que leyera unos cuantos relatos de su primer libro, Nunca llueve sobre el Sáhara y otros relatos, con la idea de escribir una reseña. Me negué a hacerlo porque prefería el libro completo, a lo que Pedro, siempre tan amable y educado, accedió sin problemas.

Durante sus 137 páginas me ha sorprendido una prosa limpia y precisa, despojada de adornos innecesarios, de recarga inútil; una prosa que también es dura y seca, como los parajes y los personajes que componen el mosaico del libro. La dureza, la dificultad, lo árido, no está en la forma, sino en el fondo que subyace incluso por debajo de las tramas. Esto es, quizá, lo que me ha causado esa sensación de desconcierto general, inicialmente impulsada por el hecho de ignorar si estaba leyendo una crónica personal, una ficción que juega con tiempos dispares (es decir, con la memoria) o una recopilación de la más castiza tradición oral. Reconozco que es un aspecto que me importa poco, ya que en la literatura no busco la veracidad (algo, por otra parte, prácticamente imposible de lograr), sino el engaño creíble. En sus páginas perduran personajes sonámbulos, bien definidos pero fantasmales porque dejan, siempre, un rastro de nostalgia amarga. A esto me refiero. Es fácil perderse entre esas caras desconocidas, entre la ruína urbana, en los apartamentos ajenos con "un sinuoso y solitario número 2".

Otro logro fundamental del autor es su hábil estimulación de los sentidos. Sus descripciones, sobrias pero eficaces, trasladan al lector a un mundo discontinuo que se destruye y regenera en cada relato. Se suele aceptar que el objeto de una descripción debe ser conocido por lector y escritor para que la comunicación funcione. Sin embargo, aun desconociendo algunas visiones levemente bosquejadas, olores apenas atisbados, es posible imaginarlos con fidelidad.

El tema plantea un problema. Por una parte, no me atrevo a identificarlo con claridad, pues el libro parece haber sido concebido como una fugaz enumeración de particularidades. Por otra parte, creo que hay una idea vertebradora que atraviesa todos los relatos con más o menos visibilidad. Me refiero a la añoranza del pasado, pero no de una idealización, sino de pulsiones que, intactas o mutadas, a ratos calmadas, a ratos abruptas, parten de experiencias vividas.

No obstante, hay un par de aspectos que no me han convencido. En primer lugar, el final de los cuentos me parece, por lo general, menos contundente que el desarrollo. Soy un lector de finales definidos, incluso cuando son abiertos. No me refiero a la trama, que puede ser todo lo difusa que se quiera, sino al lado estético que nos conduce al cierre. Entiendo que no es un fallo de ejecución, sino un efecto pretendido por el autor. Por otra parte, creo que la voz del autor está demasiado presente en algunos pasajes, lo cual aleja al lector del ambiente propuesto, sacándolo del relato. Claro que se trata de impresiones basadas en mis gustos particulares y probablemente no extrapolables a otro tipo de lectores.

En conjunto, el libro es una pieza sumamente interesante porque partiendo de una realidad concreta, crea, en el lector joven, la sensación de estar contemplando la memoria de un mundo inventado pero perfectamente creíble. Otros lectores, cuya edad alcance dicha época, redactarán otras críticas más veraces y precisas.



Pedro M. Martínez es director de la revista Almiar, de la que ya hablé hace tiempo.
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Algunos amigos han echado en falta un lugar donde dejar los comentarios de Lapso. He decidido publicar este hilo a tal efecto. Agradeceré comentarios, críticas y sugerencias sobre cualquier aspecto del libro, pero anticipo que salvando las preguntas, normalmente no responderé. Los agradecimientos ya están dados, y las críticas deben ser respetadas.

Conocí a Rocío de Juan Romero a través del relato que me dispongo a compartir con vosotros ahora. He descubierto en ella a una eficaz narradora capaz de mantener la tensión sin desvelar más que lo necesario, estableciendo una tácita comunicación con el lector, arrebatándole su tranquilidad y sumiéndolo gradual pero inexorablemente en su mundo. Su redacción es clara y concisa, sin perderse en detalles innecesarios, y su tono es admirablemente neutro. Gusta de los microrrelatos y de la literatura fantástica, que domina con soltura. El siguiente relato es una pequeña obra de arte, exótica y profunda. Que lo disfrutéis.


Aunque nadie se atreva a acercarse a ella, Amara existe en algún lugar en medio del desierto. Una ciudad solitaria, única, el último bastión de una inconfesable cultura. Sobrevive como un monolito mudo a las vicisitudes del mundo que le rodea.

Hay muchas singularidades que fundamentan el temor a Amara. Como el hecho de que sea una ciudad amurallada y que, sin embargo, sus parapetos exhiban un sinnúmero de ventanas. No se trata de troneras o cañoneras, sino de verdaderas ventanas, con su marco, su antepecho y su dintel. Nadie comprende el sentido de que estén allí. Arruinan la función defensiva de la muralla.

Además, las ventanas de estos muros se abren y se cierran en una secuencia inversa a la que dicta la lógica. Durante el día permanecen cerradas y el color ocre de las contraventanas se confunde de modo camaleónico con la piedra en la que se incrustan. Sin embargo, por la noche, la situación cambia. Con la llegada de la oscuridad, todas y cada una de las múltiples ventanas se abren, dejando paso a una extraña luz blanca, parpadeante, que procede del interior de la ciudad. En la soledad del desierto Amara parece refulgir, y se transforma en la Ciudad de los Mil Ojos Brillantes.

Hace mucho que nadie se atreve a acercarse a Amara y se han olvidado las rutas que un día permitieron contemplarla. Nadie ha vuelto a comprobar si Amara continúa todavía allí. Se ha convertido en una ciudad de leyenda.

Aunque no sólo por las ventanas en sus murallas o por sus luces nocturnas. También se interrogan acerca de la fuente de recursos de Amara, que se encuentra en medio del desierto, sin un oasis en las proximidades. No obstante, la gran pregunta es acerca de sus habitantes, sobre quién vive allí, escondiéndose de la luz del día y, en cambio, lanzando señales luminosas al amparo de la oscuridad. Nadie les ha visto, quieren creer que no existen, pero debe haber «alguien». Y el debate acerca de la naturaleza de éstos ha ofrecido muchas respuestas fantásticas, escalofriantes las más de las veces.
Nadie se atreve a indagar en los secretos de Amara. Prefieren pensar que la ciudad desapareció en la última tormenta de arena. Que el último temblor la sepultó en las profundidades de la tierra. Ahora ya sólo la mencionan las madres para amenazar a sus retoños. Sólo existe en las pesadillas de los timoratos. Pero nadie, en realidad, cree que todavía pueda seguir allí.

Amara tuvo una vez la oportunidad de regresar a la geografía oficial. Sin embargo perdió esa ocasión y se instaló de modo definitivo en la leyenda.

Sucedió durante una singular audiencia del sultán Rashid al-Harun, el Bendecido, señor de los Cien Desiertos, entre ellos aquel donde Amara estaba situada. Un hombre le relataba sus viajes extraordinarios, prosternado sobre la alfombra, con los ojos fijos en el suelo, a respetuosa distancia del sultán. En un momento dado, el viajero admitió haber estado en Amara. El Bendecido pareció dudar, pero instó al viajero a proseguir. Y éste reunió ánimos para su siguiente frase, aún más perturbadora. Declaró que había estado en Amara y que «ellos» le habían ordenado que se presentase al sultán, para transmitir su mensaje.

El Bendecido se rebulló en su asiento. Se estremeció mientras dirigía la mirada al frente, como si contemplase una visión de pesadilla proyectada en aquel momento ante sus ojos. Sólo a duras penas logró tomar conciencia de la situación y reaccionar.

Con un mudo y elocuente gesto dio una orden a un miembro de su guardia personal, y éste se aprestó a cumplirla. El guardia se acercó en silencio al hombre que aún permanecía arrodillado, con la cabeza apoyada sobre la alfombra, y alzó su afilada arma. La cimitarra centelleó en el aire y rasgó con su silbido la quietud ominosa instalada en la sala. Cuando la cabeza del viajero rodó, El Bendecido pareció recobrar la serenidad.

Ya retirado a sus aposentos, el sultán se sumergió en una larga sesión de narguile. Al cabo de la misma, los vapores exhalados por la pipa de agua parecían haber conducido de nuevo a Amara al territorio de brumas donde habitan las leyendas. El Bendecido deseó con capricho infantil que esa noche, al cerrar los ojos, lo hicieran también con él aquellos mil ojos brillantes de la ciudad de sus pesadillas.



Rocío de Juan Romero.

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Rocío de Juan Romero, 11/MAR/2008 (en Creaciones)
Corregido por Eduardo Martos Gómez. Última revisión a las 13:16 del 13/MAR/2008
Comentarios (2)
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De pronto, en mi correo-e, un mensaje de una persona que ha leído Esperando y quiere traducirlo al francés. Me pide permiso. Salgo de las prisas y me detengo. ¿Permiso? Le doy las gracias: por leerme, por querer traducir uno de mis relatos y por publicarlo en su blog, que os recomiendo si domináis el francés.

El resultado, En attendant. El hecho de que sea voluntaria es muy valioso para mí. Y aunque no sé francés, me ha resultado grato entenderlo.

Detalles así son los que justifican la literatura.
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